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El Standar el crucero imperial de los Zares

Publicado por : Nosvamosdecrucero.com Fecha: 9/1/2012

Tags : cruceros, Rusia, Headline, Cruceros antiguos, El Standart, Zares,

El yate imperial Standart fue el sucesor de una impresionante línea de yates construidos para la familia imperial rusa, tanto para recreo personal como también para visitar a la flota  del gran imperio.

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El primer Standar fue el Fregat construido por el emperador Pedro el Grande en 1703, el Standart segundo fue construida en 1857 por el emperador Alejandro II en los astilleros de Amarna en Burdeos, Francia. Este yate de 895 toneladas se hizo a la mar por primera vez en 1858 y tenía una longitud total de 70 metros. Fue dado de baja en 1892. Finalmente a este les sucedió elStandart III construido en Dinamarca por orden del zar Alejandro III, que murió antes de su finalización. Las obras de construcción se iniciarón en 1893 y fue bautizado en 1896. Al final de su construcción, el Standart costó cuatro millones de rublos de la época; era el más grande, más caro y más lujoso yate privado del mundo

Todo en el Standart era a lo grande. 420 pies de eslora, 50 de manga y 5300 toneladas. Amarrado en una bahía del Báltico o anclado frente a los riscos del puerto de Yalta, el Standart era un prodigio de elegancia náutica. Del tamaño de un crucero pequeño, alimentado a carbón e impulsado a vapor, el Standart tenía la majestuosa gracia de un gran velero. Un enorme bauprés recubierto de láminas de oro con el águila bicéfala, sobresalía de la proa; tres altos mástiles barnizados se erguían por encima de las dos chimeneas blancas e iguales. Las relucientes cubiertas estaban protegidas por toldos blancos y llenas de sillones de mimbre.

Tenía tres cubiertas principales y dos inferiores dedicadas al servicio. En la cubierta superior, detrás del puente, estaba la Cámara Imperial de Día, con ventanas a los dos lados. Diseñada para servir como sala de recepción y estudio del emperador, las paredes con paneles de fresno y abedul de las que colgaban fotografías familiares y pinturas náuticas.
El comedor estaba situado directamente detrás de esta Cabina y del Vestíbulo Imperial, se entraba a través de un par de puertas flanqueadas por una gran consola y un espejo que reflejaba su longitud. La mesa de caoba se podía extender para acomodar a ochenta personas con sillas forradas de cuero. Diez ventanas a cada lado llenaban la estancia de luz.

La vajilla era de porcelana blanca adornada con la bandera imperial y el águila bicéfala, la cristalería estaba grabada con el escudo de armas de los Romanov y la palabra Standart en cirílico.

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Desde el comedor, las puertas se abrían al vestíbulo de popa, también con paneles en fresno. A través de este, las puertas se abrían a una pequeña área cubierta con asientos de madera en forma de L adosados a la pared. Durante los cruceros, lonas blancas cubrían sillas y mesas ofreciendo un lugar fresco y agradable al abrigo del sol veraniego.

Abajo estaban las salas, los salones y los comedores, con paneles de caoba, suelos de madera pulida, arañas de cristal y cortinas de terciopelo. Además de la capilla y los espaciosos cuartos del séquito imperial, había camarotes para las 275 personas de la tripulación, incluidos 17 oficiales asignados permanentemente, guardiamarinas y marineros de la Armada Imperial, ingenieros, fogoneros, camareros, criados, doncellas. Finalmente, en algún lugar de las profundidades del yate, se alojaban los miembros de la banda de música y de la orquesta de balalaikas. Y un establo con una vaca que proveía de lecha fresca a diario.

La vida a bordo del Standart era sencilla e informal. La familia se mezclaba con la tripulación y conocía a muchos de los marineros por su nombre de pila. A menudo se invitaba a un grupo de oficiales a sentarse en la mesa imperial. Durante el día las hijas recorrían solas las cubiertas. Conversaciones e incipientes cortejos se daban entre los oficiales jóvenes y las grandes duquesas.

Cuando los niños eran pequeños, a cada uno se le asignó un marinero que tenía el deber de impedir que cayera por la borda. Cuando los niños crecieron y bajaban a las playas a nadar, los marineros niñera los acompañaban. Al terminar el crucero cada año, el zar recompensaba esta labor regalando a cada hombre un reloj de oro.
Cuando viajaban por el mar Báltico, Nicolás trabajaba solo dos días a la semana y descansaba los otros cinco. Por las mañanas remaba hasta la costa para hacer largas caminatas por los bosques de Finlandia.

Como la ciática volvía penosos sus movimientos, Alejandra rara vez abandonaba el yate. Pasaba tranquilamente los días sentada en cubierta, tejiendo, bordando, escribiendo cartas, contemplando las gaviotas y el mar. A solas en el salón, tocaba el piano. A medida que fueron creciendo, las hijas se turnaban para quedarse a bordo haciendo compañía a su madre. En 1907, cuando Anna Virubova empezó a participar en estos cruceros, las dos mujeres pasaban el día sentadas bajo el sol, tejiendo y charlando.

El té se servía en cubierta, mientras la banda del barco interpretaba marchas o la orquesta de balalaikas atacaba alguna melodía popular rusa. La hora del día que Alejandra prefería era el atardecer. Se sentaba en cubierta y contemplaba arriar la bandera del mástil o escuchaba las profundas voces masculinas de la tripulación, cantando en el servicio ortodoxo la plegaria vespertina. Ya más entrada la noche, mientras Nicolás jugaba al billar y fumaba con la tripulación, la emperatriz leía y cosía junto a una lámpara. Todo el mundo se acostaba temprano. A las once de la noche el balanceo de las olas ya había surtido sus efectos, y los camareros que traían el té de la noche al salón encontraban invariablemente el lugar vacío.

Todos los emperadores, reyes y presidentes de Europa subieron en algún momento a las relucientes cubiertas del Standart. El káiser, que tenía su propio yate, blanco y dorado, el Hohenzollern, de 4000 toneladas, un poco más pequeño que el Standart, confesó públicamente su envidia por la embarcación rusa.
En 1909, Nicolás encargó a Fabergé la creación de huevo como regalo de Pascua para la emperatriz Alejandra. En su interior se encuentra una réplica del Standart en miniatura. Oro, platino y esmaltes recubren la pequeña nave que asemeja flotar en el interior de un huevo de cristal que representa el mar. Se encuentra en el Museo del Arsenal en el kremlin y nunca ha salido de Rusia.

La Familia Imperial estaba de vacaciones en el Standart durante el verano de 1914, cuando recibieron la noticia del asesinato del Archiduque Francisco Fernando, en Sarajevo, marcando el inicio de la Primera Guerra Mundial.

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